Bolivia enfrenta en 2026 un escenario de riesgos cada
vez más complejos que obligan a repensar el rol del seguro en la economía
nacional. El aumento de eventos climáticos extremos y el crecimiento de las
amenazas digitales están ampliando la exposición de empresas, familias y
sectores productivos, en un contexto donde gran parte del país aún carece de
protección aseguradora, advierte el experto en el área y actual vicepresidente
ejecutivo de BISA Seguros, Alejandro MacLean.
“Hoy existen dos grandes riesgos que
atraviesan a la industria aseguradora a nivel global y que, por supuesto,
también impactan a Bolivia. El primero es el climático y el segundo es el
riesgo cibernético. Ambos son de carácter macro, porque marcarán la agenda
técnica del sector y requieren ser incorporados de manera profunda en los
modelos de análisis, diseño de productos y gestión del seguro”, enfatizó.
En ese sentido, el ejecutivo señaló que el país
atraviesa una etapa de transición económica e institucional que abre una
oportunidad para construir un sistema de seguros más amplio, moderno y
accesible, capaz de responder a los nuevos riesgos que afectan a la población y
a la producción.
Por ejemplo, mencionó que los recientes desastres
naturales, como riadas, destrucción de carreteras, afectación de cultivos y
daños a viviendas, evidencian una realidad estructural, debido a que miles de
personas, municipios y empresas operan sin ningún tipo de cobertura frente a
pérdidas económicas.
A esta vulnerabilidad se suma el riesgo cibernético.
La creciente digitalización de los servicios financieros, comerciales y
públicos ha convertido a los datos y sistemas informáticos en un nuevo frente
de exposición para el país, no solo para grandes empresas, sino también para
pequeñas y medianas unidades productivas.
“El riesgo ya no es solo físico. Hoy también es
digital, y Bolivia todavía no está preparada para proteger a la mayor parte de
su economía frente a estas amenazas”, consideró.
Un nuevo rol para el seguro en la
economía
De acuerdo con MacLean, el contexto de este año es
distinto al de las dos últimas décadas. La mayor estabilidad institucional, la
apertura a nuevas inversiones y una mayor claridad en los precios de la
economía generan condiciones para que el seguro deje de ser un instrumento
limitado a grandes proyectos y se convierta en una herramienta clave de
resiliencia económica.
“El seguro tiene que ser parte de la vida cotidiana de
las personas y de las microempresas. No solo de las grandes inversiones”,
sostuvo.
La digitalización como respuesta a
la exclusión aseguradora
Para cerrar la brecha de cobertura, MacLean destacó el
papel de los seguros digitales y masivos. La posibilidad de contratar, pagar y
gestionar seguros desde el celular elimina barreras de acceso, reduce costos y
permite ofrecer primas más bajas. A mayor cantidad de asegurados, mejor
distribución del riesgo y mayor eficiencia operativa.
Explicó que, a través del sistema financiero, existe
un universo de más de un millón de tarjetas de débito que podrían convertirse
en un canal para distribuir seguros de vida, accidentes, vivienda, automotores
y protección financiera, especialmente entre sectores que hoy no tienen ningún
tipo de cobertura.
“La gama de productos que pueden incorporarse al mundo
digital es sumamente amplia. El verdadero desafío está en que todas las partes
involucradas puedan gestionar estos seguros de forma digital y no solo en bolivianos.
El país empieza a abrirse a monedas digitales vinculadas al dólar, como la
USDT, que ya se utilizan en la banca boliviana. ¿Por qué no avanzar en la misma
dirección en el sector asegurador?”, planteó.
La necesidad de un marco regulatorio
actualizado
MacLean remarcó que para que esta transformación sea
viable, el país necesita una normativa más flexible y moderna. Entre los
principales ajustes mencionó la posibilidad de que las aseguradoras gestionen
una mayor parte de sus inversiones en moneda extranjera y activos digitales,
así como la actualización de los criterios de valoración de activos que
respaldan al sector.
“No hablamos de reformas estructurales complejas, sino
de ajustes en resoluciones administrativas de la APS (Autoridad de Fiscalización
y Control de Pensiones y Seguros). Uno de los puntos más relevantes es permitir
que las aseguradoras gestionemos una parte mayor de nuestras inversiones en
moneda extranjera y monedas digitales, incluyendo criptomonedas, con mayor
flexibilidad”, sugirió.
Indicó que la regulación vigente fue diseñada hace más
de 25 años, en un entorno financiero muy distinto al actual. Bolivia no puede
aislarse de las prácticas internacionales.
Finalmente, el ejecutivo subrayó que la construcción
de un sistema de seguros más inclusivo requiere una acción conjunta entre el
Estado, el regulador y el sector privado. “El desafío es crear un esquema de
aseguramiento que fortalezca la resiliencia del país frente al clima, los
riesgos digitales y la volatilidad económica. El momento de hacerlo es ahora”,
concluyó.