Alguien saca del refrigerador las primeras cervezas de la noche. Hay
un partido que ver, la mesa se llena, y en algún momento, siempre pasa, alguien
brinda por nada en particular. Por estar ahí, juntos. Por el viernes. Por los
de siempre.
Es una escena que se repite miles de veces cada fin de semana en
Bolivia. En patios de barrio y salones de fiestas. En el altiplano, valles y
llano. Con música o sin ella. Lo que cambia es el motivo. Lo que no cambia es
que casi siempre hay alguien más en la mesa.
Eso es la cerveza en Bolivia: una bebida profundamente social, que
no distingue contextos ni ocasiones, y que desde hace siglos aparece donde hay
personas que quieren estar juntas.
Lo que queda fuera del vaso
Detrás de esa botella fría hay agua pura, malta, lúpulo y levadura.
Cuatro ingredientes. Un proceso que no ha cambiado en lo esencial durante
siglos y que en Bolivia se cuida con una rigurosidad que pocos conocen.
Pero antes de llegar al refrigerador de la tienda de la esquina, esa
cerveza pasó por manos que muy pocas veces aparecen en la conversación.
Pasó por el agricultor que trabaja la tierra en los valles de
Cochabamba. Por el maestro cervecero que cuida el proceso de fermentación con
precisión de laboratorio. Por el distribuidor que sale antes del amanecer para
que la cadena logística no sufra interrupciones. Por los casi 2.000
colaboradores que trabajan directamente en CBN, y por los más de 2.700
proveedores que forman parte de una red que llega a casi 80.000 puntos de venta
en todo el país, desde las capitales hasta comunidades donde pocas otras
industrias logran llegar.
Esa cadena tiene nombre y apellido. Tiene familias detrás. Y se
mueve todos los días, sin que nadie lo piense demasiado, para que la ronda del
viernes salga bien.
Una bebida que también construye país
La
cerveza que se toma en Bolivia también paga escuelas, postas de salud y
carreteras. Solo entre enero y octubre de 2025, CBN aportó Bs 2.276,3 millones
al fisco nacional, el 5,9% de toda la recaudación tributaria del país. No es un
dato menor. Es la forma menos visible, y quizás la más concreta, en que cada
ronda del viernes también construye país.
Local, natural, de todos
En un mundo donde los productos viajan miles de kilómetros antes de
llegar a una mesa, la cerveza boliviana se produce aquí, con gente de aquí y
para la gente de aquí. Eso tiene un valor que no siempre se nombra pero que se
siente: la satisfacción de brindar con algo propio.
Y ese "algo propio" tiene también una historia cultural
que va mucho más allá del producto. La cerveza, por ejemplo, acompaña el
Carnaval de Oruro, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; y como esta
festividad, una lista de demostraciones culturales y folclóricas que nos hacen
sentir orgullosos de nuestras raíces. Aparece en la mesa del asado del domingo,
en el brindis de año nuevo, en la celebración después del partido. No es solo
lo que se bebe. Es parte de cómo Bolivia festeja, recuerda y se reúne.
Este 2026, CBN cumple 140 años en el país. Ciento cuarenta años de
una industria que creció con Bolivia, que se adaptó a cada época sin perder su
esencia y que hoy ofrece un portafolio de 13 cervezas y 8 bebidas sin alcohol, para
que cada uno decida qué tomar, cómo tomarlo y con quién compartirlo.
Un brindis consciente
El Día Internacional de la Cerveza es una buena ocasión para hacer
consciente lo que normalmente pasa desapercibido. Para brindar esta vez no solo
por el partido o por el viernes, sino por la cadena de personas que hizo
posible que esa cerveza llegara fría y a tiempo.
Y para hacerlo como CBN lo promueve desde hace más de 18 años: con
inteligencia, con moderación y con la certeza de que los mejores momentos son
los que se recuerdan bien.